Màs aspectos pràcticos

En resumen, una mujer agredida que desee deducir instancia, denunciando al agresor -en la temática que abordamos, marido, concubino, pareja-, debe estar dispuesta a dedicar 48 horas al asunto, repetir los hechos una y otra vez, someterse a exámenes médicos, eventualmente a careos con el denunciado, y sobre todo a tediosas esperas. Claro está que en este tema, nuestro sistema es democrático, todos los denunciantes, por cualquier motivo, pasan por similar experiencia.

¿Qué es lo que dicen los denunciados, cómo es su personalidad, cómo son y actúan las mujeres?

Aclaramos que daremos nuestra opinión, diremos lo que vemos, pero eso no pretende ser un perfil psicológico.

Los denunciados generalmente niegan los hechos, o que no les pegaron. También dicen que no se acuerdan porque estaban borrachos, o intentan justificarse diciendo que no sabían lo que hacían, que perdieron los estribos con la bebida.

Es muy raro algún caso que admitan que les pegaron a la mujer, y se excusan diciendo que lo merecía, o que fue culpa de ella, etcétera.

Generalmente lo que dicen es que sostuvieron una discusión muy acalorada por cuestiones de momento, por dinero, y de repente en algún momento la pudieron haber empujado... aunque la mujer tenga todas las señas de haber recibido una brutal golpiza.

En cuanto a las mujeres, generalmente dicen que no es la primera vez que tal cosa sucede, que ya ha pasado otras veces, y que efectúan la denuncia porque ya la situación es intolerable. Incluso pasa que ya han efectuado denuncias anteriormente, pero sin suerte. Relatan que el denunciado, con los terceros es agradable y es agresivo sólo en el seno del hogar.

Generalmente son muy tímidas, y sobre todo, temerosas del hombre, les tienen mucho miedo a su pareja, hay una de relación de sojuzgamiento. En cierta medida, a veces, incluso admiten esa situación como normal. En la inmensa mayoría de los casos, además, hay una dependencia económica, ya que su pareja es el sustento del hogar, y ellas tienen miedo de no tener a dónde ir, y no tienen trabajo para sustentarse, o el que tienen no les alcanza'para sobrevivir. Entonces, soportan esa situación, hasta que temiendo por su vida, o no tolerando más los malos tratos, concurren a las autoridades.

La frase "es muy bueno, pero cuando toma se pierde", es muy escuchada. También sucede que los agresores toman muy a menudo. Y por lo tanto "se pierden" muy a menudo. La mujer es disminuida psicológicamente con esos malos tratos, que generalmente ocurren a la vista de sus hijos. Los mismos van acompañados de amenazas, prometiendo más golpes si ella lo denuncia.

Reiteramos, esto es lo que se ve en los Juzgados, lo cual no quiere decir que sea la única cara de la moneda ni lo único que ocurra.

Esta es más o menos, la problemática planteada, con referencia a las soluciones que pueden aportarse, diré que sería necesario que se efectuara un relevamiento estadístico sobre todos los casos que lleguen a los Juzgados, o las Comisarías, y se efectúen estudios sociológicos y psicológicos, que existan p oficinas y centros (hay alguno pero deben ser muchos más) de asesoramiento a la mujer. Una campaña difundiendo sus derechos tendría resultados positivos. Tal vez, y ya en el área de la represión más que de la prevención, que o bien existan más comisarías de mujeres, o mujeres policías en las Seccionales, dedicadas exclusivamente a ese tema.

Sería bueno un funcionamiento decoroso del Poder Judicial. Pero el abanico de medidas, ya sean en la faz preventiva, de estudio, análisis, de la casuística, propuesta de soluciones, oficinas de asesoramiento y apoyo, o en la faz represiva, etcétera, solamente abarcarán a una parte de la población, a las clases altas, media y baja. Las situaciones de marginación, que generan, tal vez en más medida situaciones de violencia doméstica no serán alcanzadas por las mismas, o tendrán menos influencia. Porque, para erradicar la violencia en todas sus formas en las poblaciones marginales, es necesario erradicar la pobreza y la miseria.

Y con esto, finalizamos nuestra exposición, esperando haber contestado a las interrogantes planteadas, aportando el testimonio de lo que hemos aprecia-í do en los Juzgados y Comisarías de Montevideo, con alguna explicación muy elemental del funcionamiento de nuestro sistema legal.

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