El abordaje individual obviamente no ha significado una salida a este problema de la violencia dentro de la familia y por tanto una alternativa válida podría ser el abordaje sistémico a través de una terapia familiar que incorporara un marco de análisis de género para la entrevista familiar. Si esto fuera correcto, o solamente se estaría encontrando una alternativa para las situaciones de violencia familiar actuales sino que se estaría incidiendo de forma positiva sobre la reproducción de conductas violentas por parte de los hijos de hogares violentos. Los hijos, dentro del marco de la hipótesis planteada no significarían solamente un factor de futuro, sino también de presente, ya que muchas veces estarían presentes en los casos de triangulaciones, en la necesidad que el síntoma continúe presente, (la circularidad), muchas veces es quien está contribuyendo a que el problema persista, conjuntamente como agresor y como víctima, o como uno de los agresores o de las víctimas, ya que no siempre son solamente dos las personas involucradas directamente en la violencia doméstica.
¿Podremos contribuir a crear contextos no violentos?
— - — 0 comentariosOlga Rochkovski*
Violencia: Fuerza intensa, impetuosa. Abuso de la fuerza. Coacción ejercida sobre u na persona para obtener su aquiescencia en un acto. Fuerza que se emplea contra el derecho y la ley.
Desde el significado de la palabra, surge la idea de que en la violencia hay alguien que abusa y otro abusado Un contexto de violencia implica que alguien decide lo que es bueno para otros y éstos no tienen la posibilidad de consentir o disentir.
Los oprimidos, abusados, van integrando de forma acrítica el modo de pensar del opresor, van anestesiando su malestar, su desacuerdo, se identifican con el opresor.
La violencia puede tener formas muy diversas, puede ser abrupta, catastrófica o insidiosa, repetitiva, de alto nivel o bajo nivel de amenaza. Desde lo macro-social hasta la violencia doméstica. Formas todas que tendrán como resultado diferentes formas de opresión.
La historia de la humanidad ha conocido en todo su transcurso variadas formas de violencia. Es una variable que no ha dejado de estar presente nunca Lo que parecería que está cambiando es la sensibilidad frente a este hecho Hace dos décadas que se denuncia la violencia doméstica. Y en el Uruguay, este último año se ha denunciado muy fuertemente. Es tema en todas partes.
Es una forma de ejercer el poder e imponer un upo de sociedad, o reglas. En este sentido, el poder no es concebido como una propiedad, sino como una estrategia, como el efecto de un conjunto de posiciones estratégicas del individuo, clase o grupo dominante. El poder se ejerce, no se tiene.
Ahora, quisiéramos traer a consideración algunos datos históricos del Uruguay. Desde la Constitución del Uruguay como país independiente, la violencia es una de las formas en que esta sociedad, esta cultura y este Estado eligieron para ejercer el poder: castigar el cuerpo, fue la primera forma, para convencer al sojuzgado que ese es su rol (subordinado-, niño, delincuente, trabajador y mujer).
* Psicologa. Maestría en Psic. Clínica
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— - — 0 comentariosSiempre se usaron dos modosde coacción para hacerse obedecer: el castigo del cuerpo (o la amenaza) y la internalización por los individuos de los valores de la colectividad (en realidad, de los sectores dominantes).
Los grandes controladores sociales del siglo XIX y XX, en la cultura occidental fueron: el ejército, la policía, el maestro, el cura, el médico, el patrón y el padre de familia. Todos podían usar ambas formas, pero el ejército y la policía se valieron fundamentalmente del castigo del cuerpo, mientras que maestros, curas, médicos, psiquiatras, patrones y padres de familia de: la represión del alma. La opción por la fuerza física para dominar corresponde a un período de nuestra historia (XVIII y XIX).
Ninguna cultura deja de lado una de las formas. Hay preferencias, opciones, cambios en la sensibilidad, en la situación social, acentos en una o en otra. Pero coexisten ambas hasta hoy.
Hasta 1860 se usó el castigo del cuerpo preferencialmente, con el que la sensibilidad de la época se sentía más consustanciada, luego se prefirió la represión del alma. Cuando se hace una elección de este tipo esto tiñe todas las formas de control social. Así hoy, la coacción física se combina con la presión psicológica -la forma científica de reprimir el alma en la acción policial-. Ayer el cura (represor del alma por definición) utilizaba la amenaza del infierno (suplicios físicos) como modo de corregir a sus fieles.
En esta época (1800-1860), la violencia física impregnó todo. Nosotros solamente nos referiremos a la familia.
Un patrón cultural muy destacado era la severidad del padre. Se relata un caso en que un adolescente se suicida. (Barran) Su padre lo justificó diciendo que era malo, depravado, altanero, indómito, soberbio, con inclinaciones funestas; el suicidio era un crimen. El muchacho en cuestión tenía apenas 13 años. En esos momentos, la sociedad aceptaba y apoyaba la violencia paterna. Los padres santificaban el castigo físico de los maestros a sus hijos. Esto en 1868 sufre un cambio, y en el Código Civil se establece que los padres perdían la patria potestad por maltrato a sus hijos. Sólo podrían corregirlos moderadamente, y sino el juez podría poner una pena de detención por un mes. Sin embargo, los niños eran azotados habitualmente. Las hijas eran azotadas por ser coquetas. Los jóvenes solteros también eran golpeados.
Este ejercicio de la autoridad paterna respondía a una organización en la que el padre gozaba de poderes casi absolutos (otorgados por el resto de la familia y la sociedad). El trato entre padres e hijos era de usted Esta autoridad se basaba en el temor y el respeto. Se ejercía violencia sobre los cuerpos. El dominado sabía que el tiempo y las circunstancias le harían cambiar los roles y lo transformarían en dominante, con lo que su pasado sufrimiento, nunca olvidado, se transformaba en un ingrediente más de su experiencia.
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— - — 1 comentariosSe puede preguntar: ¿querían los padres a sus hijos? Barran (historiador uruguayo) dice que no.
El hombre no estaba a la hora del nacimiento, de la enfermedad o de la crianza de los hijos. Mandaba a los hijos a estudiar lejos y aceptaba condiciones muy duras en los colegios (lo que se puede ver como un abandono encubierto).
Un padre, al ser saludado por la muerte de su hijo dice: "Hijos se hacen, carneros finos no".
En la relación padre-hijo se aprecia indiferencia, rigor, severidad. Lo que no hay en esta etapa, es el esfuerzo consciente (que deriva de la cultura), por comportarse afectuosamente con el hijo. La cultura de esta época evaluaba positivamente: la dureza y el silencio y negativamente las caricias y el afecto.
Muchos niños eran abandonados por sus madres (esto provocó la fundación de la Casa Cuna) entre 1820-1860; lo que desciende muy lentamente. A esto hay que agregarle los infanticidios (ahorcados). En esta época se perseguía a las madres solteras.
Los niños que sí eran aceptados: eran fajados, con lo que les impedía moverse. Recién en la segunda mitad del siglo XLX aparecieron testimonios favorables al amamantamiento (un siglo después de Rousseau).
Cifras muy altas de abandono, infanticidios, fajas y amas de leche caracterizaron la relación madre-hijo antes de 1860.
El abandono y el infanticidio eran una forma de control y disminución de la natalidad.
A partir de 1860 se condenó las penas físicas y se utilizó en su lugar la represión del alma. Se utilizó también a la policía, el ejército, la familia, la escuela, la iglesia y la medicina; pero se confió más en el maestro, en el cura y en el médico.
La culpa, verdadera piedra miliar de esta época, formó tanto la conducta represora como la oprimida. La sociedad represora, ahora civilizada (al decir de Foucault y Barran), sentía culpa si utilizaba fuerza física con los niños y los delincuentes en vez de escuela o penitenciaría correccional, y éstos debían sentirla por cuanto violaban normas que habían internalizado a través de esas instituciones. La represión del alma aparecía como el camino ideal para ejercer influencias (sus efectos son más permanentes) y a la vez ese método evitaba el horror ante el sufrimiento corporal (tabú moderno).
La mejor manera de controlar era que el dominado amase al dominador. La represión del alma traslada la culpa del dominador al dominado pues el desobediente era como un desamorado o asocial (lavado de cerebro). Así el oprimido se siente culpable, responsable de la violencia.
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— - — 0 comentariosEn la familia civilizada, el poder del padre se ejercía a través del respeto y del amor. La obediencia se obtenía con la amenaza de retirar el amor; y la desobediencia se vivía como un acto culpable de desamor filial. Al hijo en consecuencia, le resultaba muy difícil desobedecer, rechazar las normas paternas. Cumplir con el deber-placer, permitía la recompensa del amor paterno que siempre se deseaba recuperar. Así el dominado se sentía satisfecho de obedecer.
Los niños debían obedecer a sus padres que hacían todo por su bien... El padre nunca debía parecer injusto o malo a los ojos del niño (si golpeaba era malo); por eso utilizaría las penas naturales...:
- si una niña rompía la muñeca, se quedaría sin ella por el tiempo que le iba a durar la que rompió...!
- el niño que no estuviera a la hora de comer: se quedaría sin postre. La desobediencia era vista como crueldad filial.
En 1848 se prohiben los castigos corporales en la escuela; pero en la práctica los siguieron admitiendo.
Se pasa a una valoración del afecto materno y paterno, del amamantamiento y de la condena de prácticas bárbaras. Pero el niño, aunque amado, debía ser vigilado y culpabilizado pues era un bárbaro en estado de pureza (según la escuela vareliana y la iglesia).
La pedagogía practicada por padres, médicos, maestros y curas implicaba una cuota importante de represión de la sexualidad infantil (que en esta época no era reconocida como existente). Existía una obsesión del abrigo.
Para los niños se admitieron dos métodos: la vigilancia y la culpabilización interna, el temor: el mirar de la autoridad y el mirarse como transgresor. También se valió del amor paterno y el materno como herramienta culpabili-zadora (se amenazaba con dejar de querer como castigo).
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— - — 0 comentariosEl hombre civilizado amaba, deseaba y temía a la mujer. Por lo tanto, necesitaba dominarla porque ella podía convertirse en un poder alterno dentro de la familia y aún fuera de ella, en la vida política votando, en la vida económica poseyendo y compitiendo con él en los empleos. Era el talón de Aquiles del burgués seguro y dominante; era la única garantía de legitimidad de sus hijos; potencialmente disipadora del dinero y del semen; potencial debilitadora y descubridora -testigo de la debilidad masculina-. Se vinculaba la mujer a lo diabólico, lo secreto, lo mágico, cercana al demonio, símbolo de lo sexual. La diabolización de la mujer se basaba en que su sexualidad podía poner en discusión el poder del hombre, su autoestima y a la vez su estima social. Ese poder sólo se aseguraba con el ejercicio. La mujer debía internalizar la imagen cultural de la mujer-madre. Debía ser sumisa al padre y al marido; abnegada, económica, trabajadora, púdica, ocuparse sólo del hogar. El ideal era la mujer con dedal... Los trabajos fuera de la casa admitidos eran: maestra, costurera. Para Várela, vendedora, trabajos de contabilidad y empleada pública. Se negaba el deseo sexual femenino.
En aquel momento no se percibía (¿se percibe hoy?) la posibilidad de compartir el poder: los hombres y las mujeres.
En esa época aumentan las mujeres que se quedan solteras, como resultado de la represión a la mujer, quizás también como rechazo a ese rol de la mujer.
El adolescente fue otro vigilado, controlado. La sexualidad adolescente era un peligro para el orden burgués.
Lo esencial era vigilar, aconsejar e impedir, programar el futuro del hijo. La mirada directa, la suspicacia, el control, nunca eran demasiados. Se somete a una investigación rigurosa la sexualidad infantil. Padres, médicos, curas y maestros todos querían saber, averiguar, controlar, impedir y para ello las preguntas o los silencios... El espíritu de la vigilancia debía internalizarse pues el ideal era convertir al adolescente en guardián de sus pasiones, fomentando la vergüenza y la culpa.
El insulto mayor al hombre no es de la traición a sus amigos o a su causa, como en la época bárbara, sino el de la duda sobre su virilidad.
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— - — 0 comentariosEn estos datos de la historia de la sensibilidad uruguaya, quisiéramos destacar algunos que nos permiten analizar cómo se justifica y se construye la violencia en la familia:
1. El mejor modo de controlar al dominado es que ame al dominador y piense como él. Esto significa que, lo mejor es que se identifique con el agresor. De aquí hay un paso a que el agredido se sienta responsable de la violencia del otro, él la provocó... El dominado no está en uso de su poder ni siquiera de pensar...
2. El ideal de mujer era: mujer-madre. Así se favorecía la idea de que la mujer se realiza en función de otros: hijos, marido-hijo. Una madre siempre debe estar disponible para las necesidades de sus hijos, nunca debe poner mala cara, ni expresar malestar, debe resolver todo para los demás. Esta imagen favorece el no crecimiento de los hijos, del marido, ni la asunción de responsabilidades en la familia, ya que una buena madre asume las de todos, traduce, habla por otros, cocina para todos, es sumisa, no cuestiona, es trabajadora, económica..! Así también, el mandato social que reciben las mujeres es favorecedor del sacrificio de sí misma como persona, ya que debería vivir para la función materna, vista como natural...
3. El mayor insulto era la duda sobre la virilidad del hombre. Esto hace a una definición de género para el hombre: potente, exitoso y activo. Es una imagen y un mandato cultural que favorece el autoritarismo, el abuso, la función: opresor, ya que a toda costa se debe mostrar que se es exitoso aunque no se lo sea. Y si no lo es, es muy difícil de tolerar.
4. La justificaciòn de la violencia: "es por tu bien". Toda conducta se apoya en una creencia, un mito que la explica y prescribe. Por ejemplo, que se hace un bien...!